libertad igualdad fraternidad
Sin duda existen formas de hablar entre los masones y es común que las personas ajenas a la institución las interpreten como un lenguaje exclusivo de la masonería e incluso pueden llegar a ser tildados como lemas, hoy hablaremos de una expresión masónica que se ha arraigado tanto en el masón actual que pareciera que siempre ha estado ahí, pero ya saben, se trata de un problema constante uniformar los criterios en cuestiones tan simples como la manera de hablar que tienen las personas.
Este famoso lema “Libertad, Igualdad y Fraternidad” es una expresión es utilizada en buena parte de la masonería de habla hispana en el mundo, la razón de su uso tan difundido es algo complicada porque responde a una cuestión más social que masónica y es que esa expresión no nació dentro de las logias masónicas, sino que se adoptó luego de los movimientos revolucionarios e independistas de los siglos XVIII y XIX, sobre todo en Europa con la primera revolución francesa, entre los años 1789 – 1799. La cuestión es que el lema cobró fuerza en la Francia de la primera revolución, pero fue hasta 1830 con la segunda revolución francesa, que estos ideales se arraigaron en la sociedad de aquella época como la forma (casi sistemática) de expresar su descontento ante los abusos de los tiranos, así el lema se popularizó hasta llegar a ser el lema cuasi oficial de la nueva república francesa. Como un dato interesante la frase inicialmente fue la siguiente: Liberté, égalité, fraternité ou la mort que en español sería algo así como Libertad, igualdad, fraternidad o la muerte, sin embargo nunca llegó a ser usada con uniformidad por lo que esa parte final fue suprimida de los documentos oficiales franceses. Otro dato interesante es que esta frase tuvo tal trascendencia que incluso se encuentra en el texto constitucional de la república de Francia.
¿Pero entonces, cómo llega a la masonería?
Es bien sabido que la masonería, como cualquier institución del hombre, se adapta conforme la sociedad hace lo propio, de este modo los masones del siglo XIX y XX crecieron con la idea de que como masones debemos tener cierta influencia en nuestro entorno, y a pesar de que es correcta esta postura, la influencia que podemos hacer no siempre trae aparejado el componente revolucionario. Podemos mejorar nuestro entorno sin la necesidad de levantarnos en armas contra lo que consideramos tiranos, mejorar desde nuestras trincheras y sin incidir directamente en la vida pública no te hace menos masón que los que sí lo hacen, pero claro este tema ya lo abordaremos a fondo en otro post. El lema entonces ha llegado a nuestras logias a partir sí de los ideales de la revolución francesa, pero no porque busquemos derrocar tiranías dentro de nuestras logias o el entorno, sino por la libertad del pensamiento que debe regir nuestras logias, la igualdad entre los hombres que integramos la masonería en particular y en general entre toda la raza humana y la fraternidad, ese componente esencial de los trabajos masónicos.